31/7/2014

Un Consejo al Presidente Putin

Rodolfo Bueno

Rebelión

Si yo fuese el Presidente Putin, demandaría ante los tribunales competentes al gobierno de los Estados Unidos de Norte América por haberme acusado a mí y a mi país de que, en complicidad con las defensas populares de Ucrania, derribamos el avión Boeing de Malasia, sin que le importe, porque ya la mentira se ha prendido como garrapata sedienta de sangre de la mente lavada del ingenuo, la declaración al diario Ukrainskaya Pravdadel Fiscal General de Ucrania, Vitali Yarioma: “Después de que fuera derribado el avión de pasajeros, los militares informaron a Poroshenko que los terroristas no disponen de nuestros sistemas de misiles Buk”, capaces de derribar un avión que vuela sobre los 10.600 metros.

Declararía en el juicio que aunque las milicias poseyesen las antiaéreas Buk, tampoco podrían ser acusadas por este grave crimen, porque este sistema funciona en conjunto con un dispositivo de guiado que requiere de cierto nivel de profesionalismo por parte de quienes lo manejan, expertos que no tienen las milicias rebeldes. Resulta que sólo las personas que sistemáticamente practican con estos sistemas son capaces de dar en el blanco, por lo que es imposible que los guerrilleros hubieran guiado el Buk, puesto que para ello hay que saber apuntar.
Pero aun cuando las milicias poseyeran los medios y la gente especializada en derribar aviones que vuelan a grandes alturas, el culpable también sería Kiev por no haber cerrado el espacio aéreo a pesar del conflicto existente con las milicias populares en el sureste del país. Por lo menos eso es lo que opina Tony Tyler, director general y ejecutivo de la IATA, que responsabiliza al gobierno de Ucrania por el siniestro del vuelo MH17 al señalar en un comunicado: “Las compañías aéreas dependen de los gobiernos y de las autoridades de control aéreo para ser avisadas de qué espacio aéreo disponen para volar, y se organizan en función de esos límites... Es muy parecido a conducir un coche. Si la carretera está abierta, asumes que es segura, si está cerrada, buscas una ruta alternativa.”

Como prueba de descargo le repetiría la declaración del general Andréi Kartopólov, del Ministerio de Defensa de Rusia, quien informó que las señales de nuestros radares detectaron un caza Su-25 de Ucrania a una cercanía de tres a cinco kilómetros del avión siniestrado. ¿Para qué? Tal vez porque estos aviones están dotados de misiles capaces de impactar de manera segura contra blancos ubicados a esta distancia.
Le repetiría algunas de las preguntas hechas por Anatoli Antónov, Viceministro de Defensa de Rusia: ¿Puede detalladamente Kiev explicar para qué usa los lanzadores de misiles Buk en la zona del conflicto... Si se tiene en cuenta que las fuerzas de autodefensa no poseen ningún tipo de aviación? ¿Por qué los controladores aéreos ucranianos permitieron al avión desviarse de la ruta regular hacia lo que ellos llaman zona de la operación antiterrorista? ¿Dejarían las Fuerzas Armadas de Ucrania que los investigadores internacionales hagan un inventario de sus misiles aire-aire y tierra-aire, incluidos los ya disparados? ¿Tendrá la comisión internacional acceso a fuentes fiables sobre los datos de los movimientos de los aviones de guerra ucranianos el día de la tragedia? ¿Por qué el espacio aéreo sobre la zona de guerra no se cerró para los vuelos civiles, teniendo en cuenta que la zona no estaba totalmente cubierta por los sistemas de navegación de radar? ¿Por qué el Servicio de Seguridad de Ucrania empezó a trabajar con las grabaciones de las comunicaciones entre los controladores aéreos de Ucrania y la tripulación del Boeing, así como con los sistemas de almacenamiento de datos de radares ucranianos, sin esperar a los investigadores internacionales? Llama la atención que estas preguntas, que dejan mal parado al gobierno de Kiev, todavía no hayan sido contestadas ni tampoco hubieran sido publicitadas por la gran prensa mundial.

Llamaría a declarar al General Aleksandr Máslov, jefe de Estado Mayor de las tropas antiaéreas de Rusia, quien asegura que el gobierno ucraniano oculta “las grabaciones de las conversaciones entre los pilotos (del Boeing malasio) y los despachadores de vuelo, así como las conversaciones de los encargados de los sistemas antiaéreos, las mismas que tienen un valor especial. Todo esto, sin duda, está en manos de los militares ucranianos... que esconden todo esto en el edificio del Consejo de Seguridad de Ucrania” y concluiría como él: “No está claro ¿por qué, salvo Rusia, nadie exige que todo esto sea presentado inmediatamente?”.

Le mostraría que es una intercalación fraudulenta, un burdo montaje, la presunta conversación entre los miembros de las milicias populares acerca de que ellos habían derribado un avión civil, como se ve a partir de los gráficos obtenidos de dicha conversación. También le comprobaría la falsedad de la prueba de que, según Kiev, el Buk fue trasladado de regreso a Rusia, porque la misma está filmada en una carretera de la ciudad de Krasnoarmeisk, que se encuentra bajo control de Ucrania y no conduce a Rusia; sería absurdo que los milicianos trasladaran esta batería tan inmensa por un sector no controlado por ellos.

Le repetiría las declaraciones de Alexander Boradái, jefe de las milicias populares de Ukrania, quien aseguró que “la parte ucraniana no está interesada en la investigación objetiva del siniestro con la participación de expertos internacionales y en que la verdad salga a la luz”, y negó que sus milicias hubieran derribado el avión de Malaysian Airlines, como aseguran los Estados Unidos y muchas cancillerías occidentales. “No disponemos de la tecnología necesaria y, lo más importante, no tenemos motivo alguno, puesto que no sacamos ningún rédito de esta tragedia humana”. Suena lógico. ¡Verdad!

Llamaría a atestiguar al publicista norteamericano Robert Parry, que acusa a importantes medios estadounidenses de apresurarse en culparme por el trágico incidente a mí a y los grupos ucranianos que me son afines y señala que personas bien informadas de los servicios de inteligencia estadounidenses le comunicaron que Rusia no tiene conexión alguna con este derribo ni que tampoco hubo presencia de militares rusos en el lugar y en la hora en que fue lanzado el mencionado misil.

Con ello dejaría mal parado al gobierno de los EE.UU., que oculta los crímenes de lesa humanidad cometidos por sus títeres de Kiev, y por los cuales serán castigados algún día.

Para terminar, le haría la siguiente pregunta: ¿Por qué no se toma en cuenta las pruebas que los luchadores antifascistas exponen, en cambio, se acepta a píe puntilla las acusaciones descabelladas que el gobierno de Kiev realiza sin presentar la mínima prueba? No será porque cada ladrón juzga por su condición y porque Dios los cría y ellos se juntan.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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