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¿Es la «abominación desoladora» el anticristo?



Algunos han confundido la palabra “abominación”, que aparece tanto en Daniel 12:11 como en Mateo 24:15, con una persona, pero tanto en el hebreo como en griego, la palabra significa simplemente un “ídolo”.



Una muestra de esta confusión aparece en la obra de George E. Ladd «The Blessed Hope», donde se lee:



«La venida del Anticristo que es llamado la Abominación de la desolación» (pág. 72-73).



«Las persecuciones de la Gran Tribulación serán infligidas sobre el pueblo de Dios por la Abominación de la desolación» (pág. 86). Y por último:



«Tanto en Mateo como en Apocalipsis, donde se profetiza la Gran Tribulación, el pueblo de Dios es visto en la Tribulación. La Abominación de desolación hace que huyan» (pág. 130).



Ladd así identifica claramente la «abominación desoladora» con lo que él denomina «el anticristo»; y con esto él quiere significar “la bestia” del Imperio Romano (el “anticristo” es considerado más generalmente como la segunda bestia de Apocalipsis 13, o sea, el falso Mesías en Jerusalén).



Reiteramos que la palabra “abominación” significa “ídolo” o “idolatría”, y no se refiere a un hombre. Es la misma palabra original empleada en Daniel 9:27, que Darby, en francés, traduce:



“A causa de la protección de las abominaciones (nota: ídolo), vendrá un desolador”



Lo que también puede traducirse: “A causa de la idolatría, vendrá uno que causa la desolación.”



Claramente, pues, se ve que “la abominación desoladora” es la imagen que hace la segunda bestia de Apocalipsis 13 de la primera bestia de ese capítulo, en donde la adoración de la imagen se torna de carácter obligatorio. Y el Señor Jesús al dar instrucciones al remanente judío para los futuros días, les dice que huyan de Jerusalén cuando esta imagen sea establecida, es decir, cuando haya sido introducida en “el lugar santo” del templo. No se trata, pues, de que un hombre habrá de estar en el lugar santo, sino que va a estar un ídolo.



¿Se dirigen a la Iglesia estas directivas del Señor?



Además, las directivas del Señor respecto al emplazamiento de esta abominación desoladora en el templo, instruía a aquellos que “estaban en Judea” a “huir a los montes”. Hacer, pues, de este pasaje, una instrucción para la Iglesia durante la Gran Tribulación colocaría forzosamente a toda la Iglesia en Judea. Tal idea no tendría sentido. Sólo confusión resulta de mezclar instrucciones dadas para la Iglesia con instrucciones dadas a un futuro remanente judío.



Hagamos una digresión y recordemos el carácter del capítulo 24 de Mateo. En el discurso profético del Señor sobre el monte de los Olivos, una vez que culminó Su ministerio público, Él revela el futuro y explica Su venida en tres partes:



(1) Primero, habla de Su venida con respecto al pueblo judío (Mateo 24:1-44).



(2) En segundo lugar, el Señor tiene en vista a la profesión cristiana (Mateo 24:45 hasta 25:30), y



(3) En tercer lugar, habla en relación con las naciones gentiles (Mateo 25:31 hasta el final).



Ahora bien, los antidispensacionalistas pretenden que el Señor esté hablando de la Iglesia en toda esta sección. No ven ninguna distinción entre “el Evangelio del reino” y “el Evangelio de la gracia de Dios”. George E. Ladd, por ejemplo, no ve que son los judíos los que deberán huir de Jerusalén cuando un ídolo (lo que él confunde con el anticristo, como ya vimos), sea erigido en el Lugar Santo del nuevo templo judío, pues Ladd hace que esta huida se aplique a los cristianos: «El pueblo de Dios es visto en la Tribulación. La abominación desoladora hace que huyan (Mateo 24:20). La Tribulación traerá martirio a los escogidos… ¿Quiénes son los escogidos? ¿La Iglesia o Israel? El dispensacionalismo resuelve el problema mediante la aplicación de su mayor premisa», queriendo decir Israel, naturalmente.



Ahora bien, si la tesis del Dr. Ladd fuera cierta en cuanto a que es la Iglesia aquí, ¿cómo explicaría, por ejemplo el v. 20 que dice "orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día sábado"? Su teoría de que se refiere a la Iglesia, agradaría a los adventistas del séptimo día, quienes quisieran hacernos judíos a todos nosotros. ¿Nunca descubrió que en Lucas 21, cuando se profetizó la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. de C. por Tito, los creyentes no fueron inhibidos por reglas judías de un día sábado? Pero cuando la Iglesia haya sido trasladada al cielo, y los judíos vuelvan a ocupar una vez más el lugar central de los caminos de Dios, el lugar del árbol del privilegio en la tierra (Romanos 11), entonces el SÁBADO será obligatorio para ellos. Por eso el Señor (anticipando el remanente judío que estará entonces en Jerusalén), dijo: "Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día sábado".





El tiempo en que tendrá lugar la «abominación desoladora»



Pasemos ahora a considerar el tiempo en que tendrá lugar la «abominación desoladora», pues algunos dicen que se refiere a un evento pasado y cumplido en el año 70 d. de C.



"Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)" (Mateo 24:15).



Estas palabras del Señor pueden tal vez ser aplicadas parcialmente a lo que ocurrió antes de la caída de Jerusalén bajo el imperio de Tito, pero sólo pueden ser plenamente cumplidas en el FUTURO DE ISRAEL, si atendemos con cuidado a estas tres cosas:



(a) La particularidad del escenario donde se lleva a cabo



(b) El contexto de la profecía, y, sobre todo:



(d) La consumación en que todo habrá de terminar



Primero de todo, pues, nuestro Señor señala a un profeta judío: "Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)" (Mateo 24:15). El paréntesis nos advierte de que la predicción podría ser mal entendida, o sea, que, sea como fuere, ella demanda nuestra cuidadosa atención.



Dos pasajes de la profecía, que no deben ser confundidos, hablan de esta ABOMINACIÓN: Daniel 11:31 y 12:11, el uno aplicándose a un evento pasado y el otro a un evento aún futuro. Leamos los dos:



Daniel 11:31: "Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora".



Daniel 12:11: " Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio y puesta [“y” en el original, no “hasta”] la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días"



El primer pasaje se refiere indudablemente en figura a los hechos de Antíoco Epífanes, siglos antes de Cristo. Y el segundo pasaje, en cambio, es aquel a que el Señor hace referencia y permanece todavía sin cumplir.



Veamos brevemente el capítulo 12 de Daniel (que es aún futuro)



Totalmente distinto de la época de Antíoco, el capítulo 12 de Daniel habla de OTRO ÍDOLO que trae desolación en su curso, y que tiene lugar expresamente en "el tiempo del fin" (Daniel 12:4).



"Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán" (Daniel 12:10).



En estas palabras tenemos otro vínculo de conexión con las palabras pronunciadas por nuestro Señor: "El que lee, entienda."



"Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio y puesta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días" (Daniel 12:11).



Así, además del mal idólatra impuesto por el notorio rey del norte mucho antes de que el Señor apareciera, Daniel mira hacia adelante, a un futuro, hacia un mal similar al final de los sufrimientos de Israel, cuya destrucción precede inmediatamente a su liberación final.



"Bienaventurado el que espere" (Daniel 12:12). En cuanto a esto último, nuestro Señor cita al profeta judío, y arroja más luz sobre el mismo período de tiempo y circunstancias, cuando Daniel mismo reaparezca en su heredad (v. 13).



La conclusión es tan clara como cierta: Nuestro Señor, en su discurso en el Monte de los Olivos, en el v. 15 de Mateo 24, determina que la alusión la hace con referencia a esa parte de Daniel que es aún futuro (capítulo 12), y no a lo que es historia ya cumplida (capítulo anterior).



Es sabido que algunos han confundido Mateo 24:15 con lo que leemos en Daniel 8 y 9. Pero "la transgresión desoladora" (Versión Reina-Valera 1960: "prevaricación asoladora") de Daniel 8:13, no es lo mismo que "la abominación desoladora" (12:11). En Daniel 8:13 aparece la palabra hebrea Pesha` (transgresión), mientras que en Daniel 12:11 aparece la palabra hebrea Shiqquwts (abominación o ídolo). Tampoco podemos identificar absolutamente "el fin de la ira" (Daniel 8:19), con "el tiempo del fin" (Daniel 12) (comparar con Isaías 10). Las distinciones de la Escritura han de ser observadas tanto como los puntos de semejanza y de contacto.



Daniel 9:27 parece ser aún más fuerte en sus reclamos. Allí tenemos un pacto confirmado por una semana; y luego, a la mitad de la semana, el sacrificio y la oblación se hacen cesar; después de lo cual, a causa de la protección brindada a las abominaciones o ídolos, hay un desolador "hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador" (literalmente: "sobre la desolada", esto es, "sobre Jerusalén": véase Isaías 54:1; Lamentaciones 1:13; 3:11).



Ésta es la explicación más clara del verdadero sentido de este importante pasaje (Mateo 24:15); y, evidentemente, cuando se lo declara así con precisión, el supuesto parecido a "la abominación desoladora" desaparece. Un desolador que viene "a causa de la protección de las abominaciones" (Daniel 9:27, hebreo) es muy diferente de la abominación que causa la desolación o el ídolo que aún habrá de ser puesto en el santuario. Con el establecimiento de esta abominación se relaciona la fecha de mil doscientos noventa días.



Incluso a aquellos que entienden esto como cumplido hace muchos años, resulta imposible aplicar la profecía a la destrucción de Jerusalén o de su templo por los romanos. Si fuese así, el período de bendición para Israel habría debido llegar mucho antes. ¿Ha fallado la profecía entonces? No; pero muchos lectores han fallado al entenderla. Debemos corregir, no el lenguaje de la Escritura, sino nuestra interpretación: debemos volver a la Palabra de Dios una y otra vez, y verificar si es que no hemos errado nuestros rumbos.



Importancia de Daniel 12



La verdad es que el entendimiento de Daniel 12 es de la mayor importancia para sacar el debido provecho de Mateo 24. En el primer versículo tenemos una clara indicación: "En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo" (Daniel 12:1). No puede caber ninguna duda justificada de que el pueblo de Daniel significa los judíos, y que se sugiere una poderosa intervención a favor de ellos; pero, como de costumbre, no sin la más severa prueba de la fe. Porque "será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces".

El Señor, incuestionablemente, tiene esto en vista en el v. 21 de Mateo 24: "Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá." Es evidente que no puede haber dos tribulaciones para el mismo pueblo, cada una de las cuales es la más grande: ambas declaraciones (Daniel 12:1 y Mateo 24) se refieren a la misma tribulación.

Ahora bien, Daniel afirma categóricamente: "En aquel tiempo será libertado tu pueblo (los judíos)." ¿Quién puede pretender sugerir que Miguel estuvo de parte de Israel contra Tito, mucho más que contra Nabucodonosor? ¿Acaso no todo el mundo sabe que en aquel tiempo, los judíos, lejos de ser libertados, fueron completamente conquistados por los romanos, y aquellos que escaparon de la espada fueron vendidos como esclavos y esparcidos por el mundo? Dios entonces, estuvo contra Israel, no a favor; y, como el rey de la parábola, Él se airó, envió Sus ejércitos, destruyó a esos asesinos, e incendió su ciudad. Aquí en el capítulo 12 de Daniel, por el contrario, el incomparable tiempo de dolores, ocurre justo antes de su liberación por parte de Dios, y no antes de su cautividad.

Llevando esto de nuevo a nuestro capítulo 24 de Mateo, la aparición del ídolo desolador en el lugar santo constituye la señal para que Israel huya (v. 16).

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