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Ana era una mujer triste, impotente e insignificante que se acercó a Dios en oración, ¿y cuál fue el efecto de su acercamiento? Primero, ya no estuvo más triste; segundo, recibió milagrosamente un hijo—Samuel (que significa pedido a Dios); y tercero, se convirtió en el instrumento para traer al mundo al profeta que instaló al rey mas grande que existió en la historia de Israel. El acercarse a Dios en oración produce efectos múltiples. Algunos de ellos son a corto plazo, otros llegan después, pero otros son inimaginablemente trascendentes y probablemente nunca los veremos en su totalidad. Así le sucedió a Ana y así le sucede a todos los que se acercan a Dios correctamente no importa cuán tristes estemos, ni impotentes o insignificantes seamos.


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